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Carlos Montani
De Dédalo a Tales de Mileto

Carlos Montani nació en 1965 en el barrio porteño de Monte Castro.
En la calle Lascano donde hoy es su taller, su abuelo y luego su padre inventaron máquinas, hacían trabajos de ebanistería, de carpintería y de herrería. Carlos aprendió observando y luego manipulando soldaduras, sierras y morsas.
Esa tecné como llamaban los griegos a las destrezas manuales que desarrolló el mítico Dédalo, fue una plataforma importante para comenzar un trabajo ahora sí, sin un fin utilitario.
Al terminar los estudios secundarios con un título de técnico aeronáutico, Carlos Montani dudó entre seguir la carrera de ingeniería mecánica o filosofía, lo que nunca se imaginó es que a partir del arte podría encontrar una síntesis de ambas disciplinas.
En el año 2001 compromisos laborales lo llevan a residir en Costa Rica. Allí se relacionó con el acuarelista costarricense Max Rojas quien lo apoyó y alentó para aventurarse sin prejuicios en nuevas experiencias plásticas. Dentro de una enseñanza más académica, tuvo la oportunidad de asistir al taller de vidrio de Ruth Wasserman cuyo equipamiento técnico está a la altura de los más avanzados del mundo y pudo realizar distintas técnicas vítreas entre ella la fusión.

Nunca conforme, siempre buscando formas que satisficieran su imaginación, pasó del plano bidimensional de la tela al trabajo en tres dimensiones. En el año 2010 comenzó a investigar con maderas las propiedades espaciales de la "cinta de Möbius" una geometría no euclidiana o topológica que tiene, entre otras, la propiedad de tener una sola cara y un solo borde.
En la historia del arte contemporáneo fue el escultor y arquitecto suizo Max Bill el que le dio una dimensión monumental a la cinta de Möbius con obras realizadas en granito, mármol y bronce. Montani comenzó experimentando con la madera teniendo en cuenta la calidez de este también noble material. Así desarrolló una variedad de formas que luego derivaron en nudos triples, dobles, simples, abriendo cada vez más la forma pero manteniendo un trabajo de encastre de piezas que parten del cálculo matemático.
Urunday, timbó o lapacho son las maderas elegidas por Montani, quien como un virtuoso Dédalo realizó un encastrando perfecto en el que llega a utilizar en algunos casos más de 200 piezas, ninguna igual a la otra, y que forman en ese ensamblado una superficie continua y tersa de suaves variaciones tonales que van de los caobas rojizos a los ocres.

En el 2011, Desanudado, fue seleccionada para formar parte del Salón Nacional de Escultura (Nº 100). Esta pieza que alcanza los dos metros de altura, parece haber desprendido la cinta de Möbius formando una cinta serpentina que se eleva mágicamente desde un enroscado basamento, como si una fuerza contraria a la gravedad la desprendiera del suelo.

Como ingeniero mecánico entró en la empresa Grupo Amanco, subsidiaria en Latinoamérica de la empresa Grupo Nueva, creada por un empresario suizo. La política empresarial de este empresario fue siempre lograr eficiencia y competitividad pero con un valor agregado: la responsabilidad social, es decir el compromiso con las comunidades, con las personas y grupos sociales que conforman una región con características propias y a la vez universales. La fuerte presencia del compromiso social asociado a lo empresarial fue un punto de inflexión importante que forma parte del sustrato conceptual de las intervenciones artísticas ideadas por Montani.
El empresario suizo ratificó su interés por el arte y la cultura con la creación en Zúrich de la Fundación Daros que cuenta con una muy importante colección de arte contemporáneo y que en marzo del 2013 abrió una sucursal con obras de artistas Latinoamericanos en Río de Janeiro, considerada una de las mayores colecciones privadas.

Cuando en 2010 se realiza el Primer Foro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial en la ciudad de Mendoza, Carlos Montani le propone a la organización del evento incluir arte. De esta manera realizó una primera obra interactiva: Tierra intervenida = Mundo, consta de un círculo de madera de un metro de diámetro en el que pintó dos caras de la Tierra, a la manera de un mapa físico. El público era invitado a golpear con una piqueta en alguna de ellas de tal manera que además del impacto sobre la superficie de la pintura acrílica se percibía el ruido del golpe del martillazo.
De esta manera la "Tierra" fue golpeada por los visitantes del Foro y fue adquiriendo una textura rugosa por el efecto de los impactos durante el espacio de tiempo que duró el mismo.
El objetivo de la obra fue que cada participante experimente la sensación de que su acción destruía algo valioso y que el recuerdo cinestésico le sirviera para tomar conciencia de que la vida social depende también de una decisión individual.

En el 2011 Montani realiza una obra para la Fundación de Patricia Sosa cuya finalidad era obtener alimentos para paliar las necesidades económicas de las postergadas poblaciones indígenas del Chaco y Formosa, representadas por las comunidades Toba, Qom. La idea fue convocar a personalidades del mundo del espectáculo y de la cultura para que imprimieran las huellas de sus manos con colores primarios sobre remeras y lienzos para luego ser subastadas por alimentos.

Huellas de Amor se exhibió en el Hipódromo de Palermo. Montani armó una estructura de cajas de madera en forma de corazón sobre la que se exhibían los lienzos pintados. Las cajas remitían al Cajón Flamenco, instrumento de percusión que se usa para acompañar el canto o baile del flamenco-andaluz. Durante la muestra, seis músicos ejecutaron en vivo en cajones flamencos.

A partir de esta experiencia, Montani realiza dos objetos a los que llamó Abrazo Huinca y Abrazo Qom en los que partió de un Cajón Flamenco al que intervino con maderas de cedro y guatambú con la imagen de largos brazos que rodean las caras de este cubo hasta unir los contornos de las manos en una cara principal, símbolo de los cambios que puede lograr una sociedad cuando se une por una causa común.

Fue así como Carlos Montani pasó de los trabajos escultóricos de espacios topológicos a proyectar obras conceptuales en las que la intervención del público es fundamental. Podríamos clasificarlas de happenings conceptuales porque en esa experiencia, lo que el artista busca es que los participantes tomen conciencia de la importancia de la acción humana en el medio ambiente.

Los primeros filósofos griegos del siglo VI a. C, llamados presocráticos, buscaron la causa o "principio" material del universo, partiendo de los cuatro elementos fundamentales: agua, aire, fuego y tierra.
Para Tales de Mileto, el agua como materia en estado líquido, es el elemento del cual devienen todas las cosas, es el principio vital.
Sin agua no es posible la vida vegetal ni animal. El cuerpo humano está compuesto en un setenta por ciento de líquido. El agua potable, inodora, incolora e insípida, puede parecernos algo insignificante, poco valioso, hasta el momento en que nos falta.

En el año 2011 Montani ideó una ambiciosa instalación Huellas de Agua consistente en una plataforma de acrílico con luces de leds de unos 8,40 por 2,40 metros sobre la que apoya una alfombra acuosa de plástico y gel azulino que al ser pisada por la gente deja una huella desde la que es posible leer un texto que hace referencia a la importancia del agua en un mundo tecnológico, en el que nos encontramos rodeados de elementos artificiales.
Esta obra fue adquirida por la empresa Agua y Saneamientos Argentinos, AySA, para ser exhibida en su Museo del Agua.
El título de esta obra performática, tiene su origen en el 2002 cuando el ingeniero holandés Arjen Hoekstra en UNESCO-IHE acuñó el término huella hídrica para indicar el volumen total de agua dulce que se utiliza para producir un bien o un servicio. Por ejemplo para obtener un kilo de carne se necesitan unos 13.000 litros de agua comenzando por el riego del campo de pastoreo hasta el faenado del animal y su venta en el mercado.

El 22 de marzo (día internacional del agua) del 2012 Montani retoma el problema del agua proyectando una mega obra, un verdadero work in progress al que llama Aqua Planetae y como lo indica este término latino, se trata del agua del Planeta.
Para la realización de esta obra Montani se propuso diseñar una forma de colección de "aguas" de distintas partes del mundo. Aguas que son ofrecidas por amigos, por conocidos, por gente que desea ser parte de esta muestra ofreciendo el agua de su lugar de origen o de lugares alejados como el agua de deshielo del volcán Lanín.
Marta Minujin repartió agua que trajo de Honduras entre artistas latinoamericanos y como representante de Argentina lo eligió a Montani para su Aqua Planetae. El padre Miguel Alderete Garrido que viajó al Vaticano para el nombramiento de Francisco, le trajo agua de Roma. Una de las botellas lleva por nombre Helena de Grazia, porque contiene el agua del sanatorio donde nació esta bebita.
Hay agua de la Base Esperanza de la Antártida, de la Isla de Pascua, y del círculo Polar Ártico, enviada por su amiga la escultora sueca que trabajó tallando hielo en Kiruna. De la India, de Grecia, de Turquía y por supuesto de muchos rincones de Argentina. Todas son en definitiva y a pesar de la lejanía, agua.

"Dentro de 20, 50 o 100 años, cuando el agua sea mucho más escasa que ahora, este universo de muestras históricas como primitivos daguerrotipos, les permitirá a nuestros descendientes conocer el agua que tomaba cada una de las personas que enviaron sus muestras…Me emociona de sólo escribirlo"

A comienzo de 2014 el número de muestras es de unas 1.400 botellitas viales correspondientes a unos treinta países. Todas identificadas de la misma forma, sin jerarquías.
La intervención del público, tiene dos formas diferentes: por un lado como donante activo, ofreciendo el agua de su lugar y por otro lado la obra pretende que el espectador reflexione sobre un elemento inalienable de la vida cotidiana que terminamos por ignorar.
Solo cuando nos falta somos conscientes de lo imprescindible que es esa incolora e inodora sustancia líquida que para el presocrático Tales de Mileto era el origen del Universo y de todas las cosas vivas.

Aqua Planetae es una obra conceptual in progress, dirigida a que cada espectador tome conciencia de que nuestra vida está íntimamente ligada a esa fuente de vida que tenemos la responsabilidad de cuidar.

Adriana Laurenzi*

* Es historiadora y crítica de arte. Docente del Instituto Universitario Nacional del Arte y la Universidad del Salvador.


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